Lo bueno de la Razón es que su amplitud le permite justificarlo todo, explicarlo y entenderlo. No tiene límites en su extensión.
Lo malo es eso mismo, ya que justificar impide la madurez , el entendimiento no es total hasta que alcanza la paradoja negándose a sí mismo , y la extensión no alcanza a cosas concretas.
No se necesita razón alguna para percibir al mundo, los contrastes ni al propio ser. Si bien justifica, explica y sabe todo al respecto de nada, la Razón es una diosa servil.
Seguir al corazón es vivir en cambio permanente sin justificarse, ser breve y conciso, sin miedo de ver al mundo a través del propio ser.
Ojalá pudiera, pero la fuerza no está en el poder sino en el intento. Y si las consecuencias no son felices es porque no necesariamente deben serlo.
El camino es el destino y la razón un bastón a veces. Sin importar cómo uno ríe, siempre hay tiempo para el propio ser.
viernes, 17 de enero de 2020
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