No se si Uruguay sigue siendo el país más europeo de las Américas. Eso tiene grandes desventajas, como ser que en las fiestas navideñas hacemos una enorme ingesta calórica a través de turrones, budines y otras cosas más apropiadas para el frío. Quién no conoció a un gordo que reventó en Navidad?
Otro de los problemas es que mientras la sabia cultura ancestral hizo esas reuniones en los días más cortos del año, a nosotros nos tocó reunirnos en los días más largos con la nunca mal ponderada familia. Si no alcanzara con la cena todavía hay que tomar mate con budín inglés a la mañana, que debe ser la combinación más grotesca del mundo.
Y como si eso fuera poco, las fiestas en el norte marcan la antesala de la hibernación, el retiro, el recogimiento y la soledad. Acá en cambio nos remachamos con un feriado judicial, legislativo, y general de todo enero, en pleno calor cuando debería ser en pleno invierno. Así que en julio repetimos retiro. Por eso no adelantamos más.
Pero la parte positiva es que somos más fuertes que el propio demonio, 40 grados en la columna de mercurio y a las tres de la tarde todo el mundo más borracho que un cosaco traicionado por la novia.
Atrasados, puede ser, pero más duros que un clavo.
Infeliz solsticio de verano, ya habrá tiempo de ir a sufrir a la playa
viernes, 17 de enero de 2020
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