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domingo, 7 de marzo de 2010



La pluma suele matar mucha más gente que la espada. Por cada persona con ideas que con el tiempo se demuestran absurdas, miles son los que padecen. La pluma ha matado más gente que la espada.

La pluma es tan débil como quien la esgrime. Son muchos los que usan la letra para elevar y difundir sus ideas, no pocas veces acabando por esto siendo perseguidos. Cualquier autoritarismo con su poder de coacción, cualquier corporación con fines lucrativos, acostumbran a acallar plumas. Sólo las espadas que se someten voluntariamente a la razón no son más fuertes que la pluma.


¿Quién sabe, en verdad, si es más fuerte la pluma o la espada, quién se atrevería a afirmarlo sin cuestionárselo?

lunes, 1 de marzo de 2010

LO QUE ES, ES.

Cuanto más se acerque un concepto a la verdad, o mejor dicho cuanto menos se aleje de ella, más simple habrá de ser. Porque lo que es verdadero no necesita explicación, ni apoyarse en complejas disertaciones.
Compleja suele ser la gruesa capa que cubre esas verdades esenciales.
En particular, desconfío de retorcidas entelequias tendientes a dar una respuesta verosímil a las búsquedas existenciales.
Olvidar lo aprendido. Eso perjudica a los mandamases, a los carceleros del alma, eso libera.

BLANCO Y NEGRO.


La naturaleza, en su carácter supremo y absoluto, nada sabe acerca del bien y del mal. Todo lo que es, en cuanto esencia, vale por sí mismo. De ella proviene la vida y la muerte aún en su carácter más violento. El ser humano tiene conciencia de ese poder que le supera, y en tanto eso, tiene el poder de saber, de asimilar, mas no de entender todos los vericuetos de tan amplia magnitud. La mente, como producto del todo, no puede asimilar al mismo.

Existen invierno y verano, sol y sombra. En verano solemos optar por la sombra, en invierno por el sol. Nuestra es la opción y el juicio, no la verdad ni la justicia. Esa conciencia existe fundamentalmente gracias a los contrastes. Nada es sin el concurso de su opuesto.

Tememos a la enfermedad, la muerte, la vejez, las catástrofes naturales, a las fieras, a la guerra; pero sin esas calamidades no existiríamos. Sólo en el siglo XX la población del mundo se triplicó, y si no fuera por esas cosas que tememos hace tiempo habríamos dejado nuestro entorno demasiado pequeño como para existir en él.