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martes, 31 de marzo de 2020

No me hablen de dinero, ni de distribución ni de justicia. Es un tema que no entiendo, no me entra en la cabeza, así que tampoco juzgo a nadie por sus ideas al respecto. No puedo.
Cuando me planteé la existencia tuve por meta la libertad, cuyo costo casi siempre es la incertidumbre dentro de un sistema en el que todo tiene valor económico. Es simplemente un tema de tripas, es simplemente un tema de estar vivo. Para qué viene determinado por otro sistema, más personal.
Y en ese camino de incertidumbres, me valió siempre más la paz que la felicidad. La primera es mantener el centro, la segunda es esperar dádivas de la vida.
La tierra está ahí, el mar, y a pesar de los que nos quieren convencer de lo contrario, son de provisión infinita si los respetamos.
¿Cómo quieren librarse de las injusticias del dinero? ¿Con más dinero? ¿Cómo quieren librarse de las injusticias de la sociedad? ¿Con más reglas sociales?
El poder siempre está mutando, y con él nosotros. Yo simplemente hago votos para que sea víctima de su propia confianza y volvamos a ser dueños de la tierra. Hay que aprovechar los tiempos, creo que en esta época construyendo humanidad (sea lo que fuere). Porque al final es lo que queremos ser, humanos conviviendo con humanos.
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La crisis del coronavirus.

Lo que quedó en evidencia, sin entrar en política, es la falta de capacidad de ahorro de las familias.
En otras crisis como en la del 2002 todos corrían al banco a recuperar sus cuentas. En tiempos más antiguos, libras esterlinas abajo del colchón o de algún ladrillo. Hasta los pobres tenían algo de reserva, aunque sea un gallinero.
Hoy en día hasta los sueldos altos viven de cobro mensual en cobro mensual, pagando cuentas. Todo financiado, las vacaciones, el ocio y el consumo emotivo de una cena afuera.
No hago diferencia entre pobres y ricos, hay gente sufriendo lo mismo en todas las franjas debido a los nuevos hábitos de consumo.
Nos separamos de la tierra, la mayoría no entiende el poder de una huerta, o de un billete escondido en la billetera por si acaso. El mundo que parecía tan ascéptico, controlado, seguro, confiable, que manda naves a Marte, no lo es tanto.
Agradecer tener luz y agua por ahora. Y tener Internet, que es donde se canalizan las inquietudes obesas y por esa quedan.
Si no tenés un plato de comida, todas las teorías, especulaciones, discusiones, protestas..................no valen nada. Parece lejano no? Tan lejano como Wuhan.

martes, 24 de marzo de 2020

Escuela a distancia, trabajo a distancia, sexo a distancia, amor a distancia.
Todos conectados a una pantalla.
Cámaras en las calles controlando que la vida sea normal y regulada.
Empieza la era de los autómatas controlados por un tablero central, conectado a su vez con la computadora cuántica.
Sólo los bancos centrales están por encima de los titiriteros.
Pero siempre, indefectiblemente, un muchacho reporta ''sin novedad en el frente'', y mientras el mundo se destroza él dibuja pajaritos.
El espíritu humano es indomable e inaprensible. El poder que se llama temporal es porque no es eterno.

Facebook, 18 de marzo a las nueve de la noche. Uruguay.

Esta pandemia es muy diferente a la crisis económica del año 2002. Parece obvio, pero como abunda esa comparación me parece oportuno especificarlo.
En primer lugar, desde todo el espectro político tanto a nivel de dirigencia como a nivel de simpatizantes, se tiende a condenar moral y socialmente el oportunismo. Éste si bien se ha esbozado no ha tenido más que repercusiones negativas en lo que hace al juicio de incluso los afines ideológicos. La oposición ha tenido la gallardía de no trabar los esfuerzos gubernamentales, y el oficialismo ha demostrado seriedad. Eso es en líneas generales, y es lo que más seguridad o esperanza me da en el país.
Y el ciudadano medio ha entendido que hay que poner el bien común por delante del interés personal. Las falsas noticias que apuntan a la paranoia colectiva, por sadismo o búsqueda de notoriedad, no tienen tanto peso aquí como por ejemplo en España. Incluso se entendió que no hay que saquear a los supermercados, y se está combatiendo a los nuevos cárteles del alcohol en gel y los tapabocas de forma ordenada.
Se están respetando las directivas para disminuir la cadencia de contagios, y con eso facilitando la atención y evitar en lo posible la saturación del sistema de salud. El estado está respondiendo a las empresas privadas y a los empleados tanto públicos como privados, dentro de nuestras posibilidades.
Pero por ahora van quedando fuera de toda previsión los jornaleros, los informales como cuida coches y artistas callejeros, los mendigos que proliferaron en los últimos años, los que sobrevivían vendiendo artículos usados en ferias, o gente que ha sido despedida del trabajo. Frente a eso, sería bueno que el que conozca a alguien en esa situación, si puede lo ayude, porque no dejan de ser otros engranajes que hacen funcional a la sociedad. Máxime los que defienden el libre mercado y el anarcoindividualismo. Por lo menos una vez, que en lugar de los diez pesos le dejen cien al cuidacoches y capaz que le salvan el día. O si van a hacer una compra se acuerden de aquel pariente, amigo o conocido, y separen una bolsa con aceite, arroz, fideos, algo de carne para él.
Y que la convivencia forzada con los hijos y cónyuges sea una oportunidad para estrechar el vínculo familiar y transmitir la tecnología de la independencia y autoconservación. Saber hacerse la cama es tan importante como lavarse las manos, jugar un juego de mesa fortalece la comunicación, respetar el orden jerárquico en la mesa donde se come recupera el orden familiar. Y aprovechar a llamar por teléfono a los abuelos, esas bibliotecas vivientes que ya nadie consulta, porque no les hacen un favor sino que se hacen un favor a sí mismos.
Y manden mensajes positivos por whatsapp, si son tan inteligentes, respetables o espirituales no manden pornografía, no causa gracia ni mucho menos líbido, sino que suele ser patética. El que quiera ver porno tiene un montón de páginas en Internet, que ahora todos tenemos al alcance. No es broma.
Si hay intereses políticos o económicos para esta pandemia, si es un virus de laboratorio o una venganza de la naturaleza, ya se sabrá, o ya se discutirá seriamente en otro ámbito. Por ahora la única forma de sobrellevarlo es siguiendo las directivas oficiales y atendiendo a los consejos de la televisión oficial. Pero sin perder el espíritu crítico, último bastión de libertad e independencia.
El mejor lugar para pasar este momento de inflexión es para mí el Uruguay, por su gente, por su orden.

CORONAVIRUS

El coronavirus está siendo un golpe al globalismo.
La Unión Europea ha tratado de convertir en países de servicios a los de la zona mediterránea, como España, Italia, o Grecia, amén de otros. Y a los países del centro en productores industriales.
Lo que ha pasado es que ahora con la crisis económica, y más la que se avecina, esos países del sur la tienen que enfrentar con un agro y una pesca desarticulados. Pero los países del norte no les van a dar ayuda porque el convenio marca que eso depende de la solidaridad y voluntad de las partes; y todas las partes han sido afectadas, así que va a ser imposible. La Unión Europea ha demostrado ser sólo una unión más que económica, financiera, que impone medidas sociales puramente en beneficio del capital.
A nivel mundial, los países cierran fronteras unos con otros, los bloques occidental y oriental aplican medidas diferentes, y se extiende el proteccionismo a insumos médicos especialmente.
La OEA, la ONU, los bancos como el FMI, el BID y otras organizaciones internacionales, se ven incapaces de aplicar medidas positivas en cada país, por lo cual en la práctica hay un resurgimiento del nacionalismo, con una estrategia de todos los sectores políticos a la unión nacional.
Algunos medios de prensa al apoyar uno u otro sector del globalismo, ya sea Rusia y amigos o EEUU y amigos, están dando el canto del cisne o exhalando los últimos estertores, frente al ridículo.
Lo único que falta, y que seguramente será posible, es el resurgimiento de las producciones familiares, el comercio libre sin participación bancaria (trueques) de bienes y servicios en cada región, y la organización política regional sin influencias de los organismos reguladores internacionales. Esto implicaría por derecho factual la reorganización de las naciones y del contrato social.
Es el momento. No es una medida de lucha, sino una respuesta lógica. Hay que empezar a pensar en obtener alimentos, ropa y medicinas trabajando por cuenta de cada uno.
No se de dónde vino este virus, lo que sí se es que es una cuestión de tiempo para hacer borrón y cuenta nueva. El poder mundial se va a apresurar a hacerlo, pero la pulsión humana también, y vamos a ver quién gana. No hay estrategia ni planes, son tripas, gónadas y techo contra la especulación.
La naturaleza siempre gana.
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Pandemia

Hay discrpecancias acerca de si la peste negra directamente condujo al Renacimiento, o si simplemente ayudó. Es cierto que la población de Europa disminuyó en algunos lugares a la cuarta parte, y las propiedades abandonadas pudieron ser ocupadas por los más menesterosos. Cayó el feudaliso en pro de la burguesía, y las ciudades estado que promovieron la cuarentena con la excusa de la salud pública prosperaron.
La peste vino de los uzbekos, y de las ratas. Hoy en día de sus primos chinos y de las ratas pero voladoras. En aquel entonces, los centros urbanos estaban más protegidos, porque las pulgas de las ratas no podían morder a todos. Se diseminaba más por los vajes en barco que entre ciudades, como ahora con los aviones. El aislamiento en el campo era garantía de adquirirla, porque las ratas y la gente compartían el mismo hábitat, los mismos caminos y la misma comida.
La peste podía afectar a los ganglios linfáticos, producir septicemia (de ahí lo de peste negra, porque producía manchas en la piel), o a los pulmones. Los dos últimos casos eran fatales, el primero solamente asqueroso con supuraciones incluídas. Hay reportes especialmente desde Inglaterra, en que la peste popularizó el hábito de fumar, incluso se promovió en los niños, porque en los hechos protegía de la enfermedad. Ahora los chinos dicen que sí protege ese hábito, la OMS dice que no. A mí no me cambia la vida.
Además de la mortandad, la peste negra cambió el sistema político y económico, mejoró la calidad de vida porque había más para repartir entre menos, y las familias como los Médici y los Borgia entre otros pocos aprendieron bien. Época de Nicolás Maquiavelo también, que tenía poco de mala gente y mucho de estratega.
También la peste promovió al burgo, a la ciudad, donde se perfeccionaron medidas higiénicas, se organizaron nuevas clases sociales, gremios y sistemas de autoridad. Hoy parece que la tendencia sería al contrario, promoviendo el aislamiento, el trabajo a distancia; pero más autoridad también, o autoridad con ojos más largos.
No estoy estableciendo paralelismos, simplemente hay datos curiosos y estoy aburrido no del aislamiento que para mi no es mucho, sino de la paranoia, del miedo a la enfermedad y a la muerte. En lugar de aplaudir al personal sanitario como se merece, prefiero replantearme la vida, porque sin duda esto va a marcar un antes y un después. El año que viene no va a ser el mundo para el que la mayoría se preparó durante todas su vida. A algunos los agarrará con los pantalones abajo, y harán lo único que pueden, que es chillar.
Y el 2020, va a traer más cambios. No se puede pensar que algo como esto no va a repercutir en la geopolítica, y cuando eso pasa hasta que se reacomoda suele detonar.