Diciendo la verdad más sublime -para la religión- duró tres años, desde los 30 a los 33, hasta que lo calumniaron, lo traicionaron y lo mataron.
Y todavía hay gente que pretende aprobación social diciendo la verdad. La fama la vive un personaje ficticio, la popularidad termina siendo obediencia a lo que otros quieren escuchar. El éxito es bajo esos parámetros la domesticación en uno o varios aspectos.
Pero la verdad, si bien acota, restringe y limita la convivencia, sigue otorgando la libertad. Por más milagros que cualquiera haga, si es leal a la verdad se granjeará los peores enemigos y muy pocos amigos.
De ahí es de donde únicamente viene la verdadera trascendencia.
Pero por hacer preguntas inadecuadas, que dejaban en evidencia a los demás, condenaron a la cicuta a Sócrates, icono de la sabiduría occidental. Sólo el sabio aceptó su propia ignorancia. ¿Será por eso que su discípulo Platón dijo ser amigo de Sócrates pero más amigo de la verdad?
El más sabio se decía ignorante. El mas humilde se decía rey.

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