Me mostró su GPS, un Ton Ton de última generación. Me explicó que era lo mejor del mundo en ese momento. Y si sería bueno que el maldito Tontón nos tuvo como dos horas dando vueltas. "Gire a la derecha", "gire a la izquierda", "avance trescientos metros". Menos mal no le hice mucho caso porque nos hubiéramos matado yendo a contramano.
Ya cansado le digo que espere que le voy a mostrar el GPS armenio. Estaciono cruzado en una esquina, me bajo y entro a un comercio a preguntar. Cuando salgo lo llevo allá en dos minutos.
Ahora voy por la calle y ya van dos o tres veces que los millennials, celular en mano al que están consultando metidos en la matrix, levantan la cabeza obnibulados y me preguntan por una calle que gentilmente les indico (aunque pronuncien mal el nombre o se equivoquen).
No hay nada como la realidad, el mundo y la vida tienen más gigas y más megas de lo que sea. Por eso es inaprensible.

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