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jueves, 12 de septiembre de 2019

A LOS CANDE, BARATO LOS CANDE VENDO!

Dice el gaucho que ''por lo frentón se conoce de chiquito al toro''.
Yo de chiquito me aburrí muy rápido de la escuela, a la que concurría en doble horario. Llegaba creo que a las diez, pero la bañadera me pasaba a buscar a las nueve. Rezábamos, clases de armenio, almuerzo después. Y posteriormente escuela normal hasta las cinco de la tarde. Más o menos. Y al final otra hora en la bañadera.
Cuando terminé primaria lloré para no ir al mismo liceo, y hasta pataleé se los aseguro. No quería más tortura.
Cuando empecé el Liceo 12 era realmente sapo de otro pozo. Se sabía lo que era el ''bullying'' pero no cómo se llamaba. Le decían entonces ''agarrar de cande'' (que sería el querido caramelo Candel). Fue tal vez una de mis primeras aventuras, que como siempre suelen ser desventuradas.
Antes de que terminara el año, decidí tener un poco más de orgullo y terminar con aquello. Así que íbamos por la calle con El Oreja, Carlitos y Arturo que era el que más me molestaba. Arturo me llevaba una cabeza de altura, y como era el año de estreno de la película Fiebre de Sábado por la Noche, se hacía el John Travolta. Decía que tenía hasta el mismo pocito en el mentón y usaba un saco con la solapa levantada. Además ya fumaba y decía haber abusado de su perra. Entonces, como ese día el pobre Arturo no me estaba molestando y ya se iba a separar del grupo porque estaba llegando a su casa, me paré en el medio de la calle Alarcón y le dije ''la puta que te parió''.
-¿Yo que te hice?-me dijo.
-Te voy a reventar- le contesté.
Me agarró del cuello con un brazo y me dejó doblado, pero no se cómo antes de que me pegara lo lancé por encima como un luchador. Fue suerte o instinto, no se. Ahí nos separaron.
Cuando llegamos al mercadito de Capitán Videla y Llambí lo llamé a pelear de nuevo.
Dejamos los libros y nos pusimos en guardia como si supiéramos lo que hacíamos. Lo primero que pensé fue pegarle primero porque si me embocaba capaz que me lastimaba. Empecé a saltar mientras le tiraba unos roscazos tipo panadero, primero para un lado y después para el otro. Si no saltaba no le llegaba a la cara. Cuanto más le pegaba, más le quería pegar, porque pensé que ya lo había hecho enojar y tenía miedo que me pegara él.
Respiré aliviado cuando nos separaron, pero me temblaba todo el cuerpo. Al otro día volví con miedo de que se rieran de mi en el liceo y me hicieran mas bullying.
Pasó todo lo contrario. Empecé a escuchar frases como:
-No sabés cómo sonaron las piñas.
-¡Cómo le quedó la cara a Arturo!
-Te felicito, lo cagaste a piñas.
Me quedé tranquilo cuando vi a Arturo, no porque estuviera vivo, sino porque bajó la cabeza y no quiso tomar venganza. No me volvió a molestar nadie y hasta me hice una fama inmerecida de guapo tanto ahí como después en otros lugares y con método similar..
Pero hoy, después de una vida, me vengo a dar cuenta que soy un dinosaurio. A un pibe de 12 años le hicieron bullying en la UTU, ante lo cual le contó a su mamá, filmó los abusos y los denunció a las autoridades. Y además salió todo por radio y TV.
Nosotros hasta nos escondíamos del portero del liceo para pelear, un afrodescendiente de nombre Albino. Y además aunque flaquito y mayor todos lo respetábamos (no tan mal para ser dinosaurios). Salir por TV como víctima o que mi mamá se entere sería la mayor de las vergüenzas.
Ojo, no critico al niño o a su madre, digo que YO soy un dinosaurio. Ese pibe debe tener un gran futuro en este mundo de control y obediencia, mientras no se aleje demasiado de la casa  o  de  algún protector.


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