En determinado momento decidí librarme del motor. Aparte de ser un lastre había que hacerle mantenimiento y alimentarlo.
Sólo fue posible cuando aprendí a ser uno con las olas, el viento, las mareas y las corrientes. La naturaleza no es el enemigo, sino el amigo.
Construí un remo muy largo a imitación de los chinos o japoneses, y una vela que me llevara en la dirección del viento cuando fuera ideal. Una orza y un timón serían complicaciones adicionales también.
Simplificando, gané libertad, menos preocupaciones, y pude disfrutar mucho más. Me hice más rico, porque gastaba menos, además. Y aunque más lento podía llegar más lejos.
En la vida,lo más humildemente que puedo, pienso que muchos se aferran a cosas innecesarias, que a veces dan más confort en la corta, pero a la larga requieren la incomodidad de tener que mantenerlas. Al final las cosas se pueden hacer dueñas de uno, cuando uno piensa que es dueño de las cosas. No se si la hipoteca o el coche valen las horas o jornadas extra.
Con la gente pasa igual, si uno no sintoniza más vale no compartir ni un minuto más de lo indispensable. Nadie es mejor o peor, pero no todos sintonizamos la misma onda, sería como querer escuchar rock en una radio de cumbias.
Por eso no deseo ganancias, sino pérdidas.
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