Así que intentando sobrevivir a este país, traté de unir ambos conceptos y reírme de la corrupción, del tráfico de influencias, de las declaraciones rimbombantes, de la incompetencia, de la impunidad y de las estadísticas. Querer corregir todo eso es enfrentarse a molinos de viento que realmente son ogros.
No me dejan, no termino de armar todos los chistes en torno a un hecho, que ya surge otro, no puedo agotar los temas para reírme como un idiota, o al menos como un estúpido, que ya surge otra cosa digna de una comedia televisiva o una novela del Gabo (desde que se murió todos le dicen Gabo a García Márquez, suena más intelectual, más familiarizado con el autor y su obra, hecho importante en este país: parecer).
En otras palabras, hasta los idiotas en Uruguay se ven inundados de estupideces y terminan apabullados. Ahora entiendo por qué hay tanto estúpido amargado queriendo amargarle la vida a los demás. Para parecer inteligente hay que llevar la contra, aunque sea llevarle la contra a la razón.
Por eso se entiende que la sabiduría del pago haya acuñado y explotado el término ''foca'', ese pinnípedo cuyo mayor mérito es aplaudir y entrar por el aro. Porque es como un idiota, pero abombado, queriendo parecer sagaz sólo pensando en el pescado que le podría tocar y que vive en cautiverio. En lo que discrepo es que esas focas pertenezcan a una colectividad política en particular, vendrían a ser mejor como la evolución de la viveza criolla.

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