Los momentos más felices de mi vida fueron cuando no tenía nada.
Conozco a otros que les pasó igual.
Y en parte por eso no me importa mucho esa construcción onírica absurda que muchos llaman realidad.
Llega un punto en que esa realidad se niega a sí misma, al igual que la paradoja retórica, explorando los límites de la razón.
La humanidad parece estar lista para otro salto evolutivo, porque se está percatando de lo absurdo de los sistemas tecnológicos en que vive sumida. Y tecnología como conjunto de técnicas, que incluyen la política, la economía y todo lo demás.
Hay que volver a la fuente
viernes, 1 de mayo de 2020
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