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lunes, 20 de enero de 2020

Señor Presidente

 El debate entre dos candidatos a la presidencia de un país es como un debut sexual:
Semanas de preparación. Asesores varios. Afeitados y perfumados dos cuerpos sudorosos y nerviosos. Afectados por la visión crítica del público, que cree intuir lo que no sabe.
Después del breve encuentro, más corto de lo esperado, agotadoras jornadas de fanfarronadas que se hacen eternas y van a durar años.
Y según la antigua máxima ''prometer hasta meter, y después de haber metido, nada de lo prometido''.

Teléfono.


"Tengo una amiga que está más fuerte que un tren. Mujeres así son las que inspiraron los mascarones de proa, y si la Armada Invencible hubiera usado su efigie, los ingleses no hubieran podido salir de sus miserias.
Me llamó porque tenía problemas en el trabajo. Sabe que yo, al igual que los curas y los políticos, tengo un talento especial para mandar a los demás a trabajar. A los demás, yo no por supuesto. 
Y ya que estaba, después que la hice reír un poco, traté de aprovecharme de la situación. Es que la soledad es linda, pero no siempre el cuerpo está de acuerdo, así que traté de ponerme un poco más cariñoso. 
La cosa no iba tan mal, yo trataba de estirar la conversación y ella no se empalagaba de tanta dulzura. Hasta que empezó a haber interferencias con el teléfono, cada vez peores, así que decimos cortar y hablar luego. Igual yo ya tenía ahí el anzuelo con la carnada, era cuestión de que picara en su momento. 
Cuando íbamos a cortar yo le decía que cortara ella, y ella me decía que cortara yo. Dos o tres veces. Hasta que sale una tercera voz, femenina, de la línea, y nos dice:
-''Señor, deje a la señorita ir a trabajar, que también es mi hora del almuerzo y me quiero ir a descansar un momento. Si habrá cosas serias para oír y yo tengo que escucharlo a usted. Y Ud. señorita, haga el favor de cumplir la labor para que le pagan y no se deje engatusar por este canalla''. 
Me cortó el mambo, los dos asentimos y cortamos rapidísimo."
Tengo una amiga que está más fuerte que un tren. Mujeres así son las que inspiraron los mascarones de proa, y si la Armada Invencible hubiera usado su efigie, los ingleses no hubieran podido salir de sus miserias.
Me llamó porque tenía problemas en el trabajo. Sabe que yo, al igual que los curas y los políticos, tengo un talento especial para mandar a los demás a trabajar. A los demás, yo no por supuesto.
Y ya que estaba, después que la hice reír un poco, traté de aprovecharme de la situación. Es que la soledad es linda, pero no siempre el cuerpo está de acuerdo, así que traté de ponerme un poco más cariñoso.
La cosa no iba tan mal, yo trataba de estirar la conversación y ella no se empalagaba de tanta dulzura. Hasta que empezó a haber interferencias con el teléfono, cada vez peores, así que decimos cortar y hablar luego. Igual yo ya tenía ahí el anzuelo con la carnada, era cuestión de que picara en su momento.
Cuando íbamos a cortar yo le decía que cortara ella, y ella me decía que cortara yo. Dos o tres veces. Hasta que sale una tercera voz, femenina, de la línea, y nos dice:
-''Señor, deje a la señorita ir a trabajar, que también es mi hora del almuerzo y me quiero ir a descansar un momento. Si habrá cosas serias para oír y yo tengo que escucharlo a usted. Y Ud. señorita, haga el favor de cumplir la labor para que le pagan y no se deje engatusar por este canalla''.
Me cortó el mambo, los dos asentimos y cortamos rapidísimo.

La fiesta del colmillo.

No se si se podrá hacerse una clasificación de intelectuales, no lo creo pero tal vez alguien ya lo hizo. Vivimos en una época positivista donde todo está etiquetado, y lo que no lo está queda en el limbo.
A mi me gustan los tipos como Ernest, que cazaba leones, tenía las manos callosas como el viejo Santiago, y cuando vio que la vida no daba para más se voló el miolo.
Acá en mi país el modelo de intelectual es el que usa botines de charol como Galeano, o el oficinista como Mario. Si vamos más lejos, paisajistas como Acevedo Díaz que cuando terminás de ver lo que describe perdiste el hilo de la historia. Y luego los teóricos, los de régimen de antaño, los Vaz y tal.
Yo creo que por eso nos va mal. ¿Cómo una mariposa que nace de mañana y muere al ocaso te va a enseñar la noche? Y esa noche es parte del día.
Lo cierto es que los intelectuales de manos blancos siempre terminan sucios de sangre. Los otros, los que exudan testosterona y malos modales, incitan a la aventura de vivir.