Aprendí viendo malas películas que los demonios están obsesionados con poseer a la gente.
Pero en la vida real hay gente obsesionada con poseer lo que sea, incluso a otra gente.
En un mundo así parece estúpido el desapego, porque el tuerto es deforme en el país de los ciegos. Pero el hecho es que ve el camino, aunque sea con un solo ojo, mientras tantos andan tropezando.

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