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lunes, 12 de agosto de 2024

Según Lao Tse el trabajo supremo no se puede ver, y la virtud verdadera no reclama nada para sí. El sabio del Tao siempre es prudente como un invitado, y puede pasar de la inacción a la acción de manera sutil. Ejerce su acción sin actuar, y después de realizada todos piensan que la hicieron ellos. Sus palabras sólo cobran sentido después de los años y sin pasar deja huellas indelebles. En él no encuentra el tigre donde hundir sus colmillos, por eso siempre está a salvo. Es el que muere sin perecer.
Sólo se llega al Tao preguntándose sobre el origen.
Una de las más hermosas y prácticas filosofías, superando a los presocráticos y de raíces vedicas, el Tao hace reír al necio y después de milenios sigue preservando contra el poder y la estupidez. La inteligencia artificial no lo puede aprehender, el poder no lo puede ver, y aún así el sabio del Tao seguirá nutriéndose de la Madre: el Uno genera al Dos, y juntos generan al Tres que es la madre de todas las cosas.



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