En una época cuya mi mayor ambición era una costilla de cerdo, conocí a un cura católico chino de 80 años que enseñaba el Tao en Barcelona. Un día me dijo que estuvo 40 años recorriendo Europa y nunca vio una imagen de Cristo sonriente. Ahí aprendí a nunca perder la sonrisa. Otra vez conocí a un pintor de brocha gorda miembro de una congregación católica. Me dijo que su padre le enseñó los dos mandamientos de Dios. Lo escuché y me dijo ''en invierno por el sol y en verano por la sombra''. Ahí aprendí a adorar al Sol.
Si bien es cierto que me falta amor, en mi vida hubo muchos amores de una noche, de un verano, o incluso de un puerto. El que más me duró creo que fue el matrimonio, y no llegó al año y medio. Pero los que más recuerdo son los amores de un minuto. Los amores de hasta cinco minutos contienen todo lo que pudo haber sido, que siempre supera a lo que es, y carecen de las lagañas e histerias cotidianas. Un mágico cruce de miradas perdura por siempre.
Ayer entré a una panadería a la que nunca había ido antes. Me atendió una rubia escandalosa que estaba más buena que el pan. Estuvimos entre sonrisas y flirteos hasta que apareció el marido del fondo. Fue en ese momento que se puso seria y empezó a tratarme de Señor.
Para que vean que no siempre es fácil ser un hombre apetecible, mamones. A veces me gustaría ser la mitad de sexy, mi vida sería más fácil.
El viento planta semillas, mueve montañas, impulsa navíos, activa molinos y quiebra a los árboles más fuertes.
Sentimos su fuerza, pero no lo podemos ver. Y adquiere esa fuerza del lejano Sol.
A veces es suave y refrescante, a veces es rápido y violento; pero siempre vuelve. Nunca está, siempre va o viene.
Algunos lo aman, otros lo odian, pero él no desprecia a nadie y a todos los visita.
Deja marcas temporales de caricias en la arena suave, y profundas cicatrices perennes en la roca dura.
Se especula cuándo y dónde nació, o cuándo y dónde muere. Pero nadie lo sabe con seguridad. Ni de dónde viene y a dónde va.
Parece como que nunca nació y nunca va a morir; pero se fortalece y debilita caprichosamente.
Todo lo deja después de moverlo, nada reclama para sí mismo, por eso no pierde el poder.