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viernes, 14 de agosto de 2020

 Cuando empezó la emergencia sanitaria en Uruguay hace como cinco meses, estaba lindo. Nadie iba a trabajar, los ómnibus iban vacíos, se hacían ollas populares, la gente compraba papel higiénico, y el progre de abajo ponía Resistiré a todo volumen todos los días a las 21.00 hs.

Lo mejor era sacarle el dedo medio al helicóptero que intimaba a no agruparse y ponerse tapabocas en la rambla. Y el ejecutivo nacional salía todas las noches por TV en conferencia de prensa.
Fue lo más épico que le pasó al Uruguay desde los comunicados de las Fuerzas Conjuntas. Pero al igual que los mismos, lo que empezó con ardor popular va a terminar con ardor de culo.

 Hay dos o tres cosas en las que discrepo con Freud: la líbido como fuerza biológica primaria, la culpa y castigo.

El resto, o lo que le plagió a Schopenhauer, me parece bien. Pena que además se enseñe con un método materialista estructuralista como el marxismo hegeliano, que fue lo que Schopenhauer rebatió con éxito a través de su obra. Tremenda contradicción.
Por consiguiente, plantando neurosis es como se autosustenta esta disciplina. Tanto éxito tuvo para el mal, que se trasladó a lo social.
No se para qué escribo esto, pero según Arthur el ser es más importante que el hacer. Así que está bien. Y según él, la tragedia de la vida tiene todas las características de una comedia.
A mi me causa  gracia.
Los dioses paganos le dieron HONOR al hombre, para que sepa que hay cosas más importantes que vivir, que comer y que estar cómodo.
Hoy en día es tanto el miedo a la muerte, que el hombre vive sin honor, como un animal consciente. Y tanto se teme a la penuria, que la otrora orgullosa raza humana vive como vacas en corrales comiendo ración.

No se si hay otra vida, ni me importa. Es en esta donde debemos caminar erguidos para ver el firmamento y respirar el viento. No hay más tiempo que el ahora eterno. No hay ninguna descripción de la foto disponible.