Hoy en la panadería del super le iba a hacer una pregunta a la empleada; pero una señora mayor le hablaba, hablaba y no paraba de hablarle. Yo esperando mi turno para otra cosa, hasta que me incluyó en la conversación.
Los cinco minutos mejor perdidos de mi vida, escuchando contar cómo la nietita la saludaba desde lejos -entre cien temas más- y con un humor exageradamente bueno. Lo típico de personas que viven solas y cuando salen quieren hablar con todo el mundo.
Una de las peores torturas y a la vez de las más sutiles en cárceles y otros lados es el aislamiento. Una de las peores pruebas de superviviencia también, donde el que se pierde en el campo sufre más la soledad que estar días sin comer. Es un tema que conozco bien, por navegar o por vivir solo en la naturaleza; pero no es para todos y sin embargo en todos sí deja huella.
Qué sadismo aislar a unos viejos en los últimos años de sus vidas, peor cuando vivieron siempre rodeados de gente.
sábado, 18 de abril de 2020
Tengo amigos que se preocupan porque ven a esta pandemia como un plan de dominación. Otros que se entristecen ante las consecuencias que el aislamiento está teniendo en la salud mental, individual o social, y en la economía.
En algunos países ya existen rebeliones, el pueblo sale a la calle desafiando los mandatos, y generalmente es gente de corte opositor al gobierno circunstancial. Las tasas de suicidio aumentaron no se si exponencialmente, pero sí mucho. Y hay más hambrientos que afiebrados, sin duda.
Ya lo decía un pensador como Pascal, que si bien el Universo es poderoso, el hombre lo es más porque es consciente de que el Universo lo puede aplastar, pero el Universo no es consciente de lo que hace.
La verdad es inexorable, y la naturaleza es la mayor de las verdades. No se puede subestimar al espíritu humano, si bien hay riquezas y poder desiguales, éstos son producto del humano y no a la inversa.
Obviamente la polarización política siempre deja desequilibrios, y en esa lucha de los polos, la verdad salta como último recurso para el balance. Es como el invento que destruye al inventor. Y aquel que base su existencia en el amparo de un sistema paternalista que no sólo se encarga de monopolizar la salud, la seguridad, la educación, las directivas de todo tipo, información, cuando ese sistema se debilita él se siente perdido. Parece como que los nuevos paradigmas ya no serían aquellos que nos imponen los sabios de turno, sino el ser en sí mismo con su consabido poder de conocer el Universo.
Como en un movimiento inverso al arte de la guerra, en lugar de ceder terreno, el poder en su exceso de confianza avanzó tanto sobre el espíritu humano, que el segundo se reconcentró y el primero se está dispersando. Y más aún el poder se concentra más en sus luchas intestinas, que en el humano que parecía derrotado. La verdad y el espíritu humano van a triunfar, sean cuales fueren, y en eso es en lo que hay que tener fe ciega, porque son la naturaleza de las cosas.
No soy pesimista, pero todo tiene su precio. Y hay cosas peores que la muerte, tanto como cosas más valiosas que la vida misma porque sin ellas la vida no merece ser vivida.
Lo que nos sacó de las cavernas y nos elevó a las más altas cúspides del arte y la metafísica, ha sido, es y será la conciencia. La filosofía sigue siendo la madre de todas las ciencias, y la mente la madre de la existencia.
En un mundo de información, contrainformación, censura y división ideológica, cultural y religiosa, no hay herramienta más poderosa que la consciencia (se puede escribir conciencia). No hay lucha más justa, especialmente al día de hoy, que tomar conciencia, y eso en lugar de dividir nos une como especie. Y más que eso, construye el mundo.
Al principo era el verbo, eso trasciende a la creencia religiosa.
En algunos países ya existen rebeliones, el pueblo sale a la calle desafiando los mandatos, y generalmente es gente de corte opositor al gobierno circunstancial. Las tasas de suicidio aumentaron no se si exponencialmente, pero sí mucho. Y hay más hambrientos que afiebrados, sin duda.
Ya lo decía un pensador como Pascal, que si bien el Universo es poderoso, el hombre lo es más porque es consciente de que el Universo lo puede aplastar, pero el Universo no es consciente de lo que hace.
La verdad es inexorable, y la naturaleza es la mayor de las verdades. No se puede subestimar al espíritu humano, si bien hay riquezas y poder desiguales, éstos son producto del humano y no a la inversa.
Obviamente la polarización política siempre deja desequilibrios, y en esa lucha de los polos, la verdad salta como último recurso para el balance. Es como el invento que destruye al inventor. Y aquel que base su existencia en el amparo de un sistema paternalista que no sólo se encarga de monopolizar la salud, la seguridad, la educación, las directivas de todo tipo, información, cuando ese sistema se debilita él se siente perdido. Parece como que los nuevos paradigmas ya no serían aquellos que nos imponen los sabios de turno, sino el ser en sí mismo con su consabido poder de conocer el Universo.
Como en un movimiento inverso al arte de la guerra, en lugar de ceder terreno, el poder en su exceso de confianza avanzó tanto sobre el espíritu humano, que el segundo se reconcentró y el primero se está dispersando. Y más aún el poder se concentra más en sus luchas intestinas, que en el humano que parecía derrotado. La verdad y el espíritu humano van a triunfar, sean cuales fueren, y en eso es en lo que hay que tener fe ciega, porque son la naturaleza de las cosas.
No soy pesimista, pero todo tiene su precio. Y hay cosas peores que la muerte, tanto como cosas más valiosas que la vida misma porque sin ellas la vida no merece ser vivida.
Lo que nos sacó de las cavernas y nos elevó a las más altas cúspides del arte y la metafísica, ha sido, es y será la conciencia. La filosofía sigue siendo la madre de todas las ciencias, y la mente la madre de la existencia.
En un mundo de información, contrainformación, censura y división ideológica, cultural y religiosa, no hay herramienta más poderosa que la consciencia (se puede escribir conciencia). No hay lucha más justa, especialmente al día de hoy, que tomar conciencia, y eso en lugar de dividir nos une como especie. Y más que eso, construye el mundo.
Al principo era el verbo, eso trasciende a la creencia religiosa.
lunes, 6 de abril de 2020
Pregunto, porque no se.
He leído que en algunos lugares están dando prioridad a los más jóvenes para el uso de respiradores artificiales, en el caso de que la afección por covid-19 sea grave. Llegan noticias de que están dejando sin asistencia a personas de más edad.
Hay viejos más productivos que yo por ejemplo, por no mencionar a otros. O viejos menos dañinos, viejos que tienen un valor social importantísimo en la cohesión social. No me agrada la gerontocracia política egoísta, que limita los impulsos de los más jóvenes para mejorar la sociedad. Pero de todos modos la ancianidad en nuestra tradición siempre ha merecido un cierto culto, cosa que se viene degradando en las últimas generaciones; y ese culto existe porque es funcional, pero se perdió porque no es funcional a la economía.
Yo se que en las guerras se deja morir a los más graves, o a los casos irrecuperables, en pro de los que pueden ser salvados con asistencia médica. Pero no es lo mismo, el caso de la guerra viene determinado por la situación, mientras el de aplicar una muerte selectiva en el caso de esta pandemia parece más eugenesia. Hay directivas que juegan a ser dios, a mi entender. Porque si lo único que se considera es la edad y se ignora todo el contexto de la vida social estamos ante una regla estadística simple.
Parecería desde mi corto entendimiento que quienes no son productivos molestan a los dueños del mundo.
Así que la pregunta es: ¿Si un geronte de la realeza, del 'jet set', de la política, la industria, etc., está en estado grave, lo van a ''desenchufar'' para salvarme a mi por ejemplo?
Pregunto porque no se. Nada de lo que escribí arriba es un enunciado firme, todo va a modo de pregunta. Sepan disculpar mi ignorancia.
Hay viejos más productivos que yo por ejemplo, por no mencionar a otros. O viejos menos dañinos, viejos que tienen un valor social importantísimo en la cohesión social. No me agrada la gerontocracia política egoísta, que limita los impulsos de los más jóvenes para mejorar la sociedad. Pero de todos modos la ancianidad en nuestra tradición siempre ha merecido un cierto culto, cosa que se viene degradando en las últimas generaciones; y ese culto existe porque es funcional, pero se perdió porque no es funcional a la economía.
Yo se que en las guerras se deja morir a los más graves, o a los casos irrecuperables, en pro de los que pueden ser salvados con asistencia médica. Pero no es lo mismo, el caso de la guerra viene determinado por la situación, mientras el de aplicar una muerte selectiva en el caso de esta pandemia parece más eugenesia. Hay directivas que juegan a ser dios, a mi entender. Porque si lo único que se considera es la edad y se ignora todo el contexto de la vida social estamos ante una regla estadística simple.
Parecería desde mi corto entendimiento que quienes no son productivos molestan a los dueños del mundo.
Así que la pregunta es: ¿Si un geronte de la realeza, del 'jet set', de la política, la industria, etc., está en estado grave, lo van a ''desenchufar'' para salvarme a mi por ejemplo?
Pregunto porque no se. Nada de lo que escribí arriba es un enunciado firme, todo va a modo de pregunta. Sepan disculpar mi ignorancia.
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