El coronavirus está siendo un golpe al globalismo.
La Unión Europea ha tratado de convertir en países de servicios a los de la zona mediterránea, como España, Italia, o Grecia, amén de otros. Y a los países del centro en productores industriales.
Lo que ha pasado es que ahora con la crisis económica, y más la que se avecina, esos países del sur la tienen que enfrentar con un agro y una pesca desarticulados. Pero los países del norte no les van a dar ayuda porque el convenio marca que eso depende de la solidaridad y voluntad de las partes; y todas las partes han sido afectadas, así que va a ser imposible. La Unión Europea ha demostrado ser sólo una unión más que económica, financiera, que impone medidas sociales puramente en beneficio del capital.
A nivel mundial, los países cierran fronteras unos con otros, los bloques occidental y oriental aplican medidas diferentes, y se extiende el proteccionismo a insumos médicos especialmente.
La OEA, la ONU, los bancos como el FMI, el BID y otras organizaciones internacionales, se ven incapaces de aplicar medidas positivas en cada país, por lo cual en la práctica hay un resurgimiento del nacionalismo, con una estrategia de todos los sectores políticos a la unión nacional.
Algunos medios de prensa al apoyar uno u otro sector del globalismo, ya sea Rusia y amigos o EEUU y amigos, están dando el canto del cisne o exhalando los últimos estertores, frente al ridículo.
Lo único que falta, y que seguramente será posible, es el resurgimiento de las producciones familiares, el comercio libre sin participación bancaria (trueques) de bienes y servicios en cada región, y la organización política regional sin influencias de los organismos reguladores internacionales. Esto implicaría por derecho factual la reorganización de las naciones y del contrato social.
Es el momento. No es una medida de lucha, sino una respuesta lógica. Hay que empezar a pensar en obtener alimentos, ropa y medicinas trabajando por cuenta de cada uno.
No se de dónde vino este virus, lo que sí se es que es una cuestión de tiempo para hacer borrón y cuenta nueva. El poder mundial se va a apresurar a hacerlo, pero la pulsión humana también, y vamos a ver quién gana. No hay estrategia ni planes, son tripas, gónadas y techo contra la especulación.
La naturaleza siempre gana.
martes, 24 de marzo de 2020
Pandemia
Hay discrpecancias acerca de si la peste negra directamente condujo al Renacimiento, o si simplemente ayudó. Es cierto que la población de Europa disminuyó en algunos lugares a la cuarta parte, y las propiedades abandonadas pudieron ser ocupadas por los más menesterosos. Cayó el feudaliso en pro de la burguesía, y las ciudades estado que promovieron la cuarentena con la excusa de la salud pública prosperaron.
La peste vino de los uzbekos, y de las ratas. Hoy en día de sus primos chinos y de las ratas pero voladoras. En aquel entonces, los centros urbanos estaban más protegidos, porque las pulgas de las ratas no podían morder a todos. Se diseminaba más por los vajes en barco que entre ciudades, como ahora con los aviones. El aislamiento en el campo era garantía de adquirirla, porque las ratas y la gente compartían el mismo hábitat, los mismos caminos y la misma comida.
La peste podía afectar a los ganglios linfáticos, producir septicemia (de ahí lo de peste negra, porque producía manchas en la piel), o a los pulmones. Los dos últimos casos eran fatales, el primero solamente asqueroso con supuraciones incluídas. Hay reportes especialmente desde Inglaterra, en que la peste popularizó el hábito de fumar, incluso se promovió en los niños, porque en los hechos protegía de la enfermedad. Ahora los chinos dicen que sí protege ese hábito, la OMS dice que no. A mí no me cambia la vida.
Además de la mortandad, la peste negra cambió el sistema político y económico, mejoró la calidad de vida porque había más para repartir entre menos, y las familias como los Médici y los Borgia entre otros pocos aprendieron bien. Época de Nicolás Maquiavelo también, que tenía poco de mala gente y mucho de estratega.
También la peste promovió al burgo, a la ciudad, donde se perfeccionaron medidas higiénicas, se organizaron nuevas clases sociales, gremios y sistemas de autoridad. Hoy parece que la tendencia sería al contrario, promoviendo el aislamiento, el trabajo a distancia; pero más autoridad también, o autoridad con ojos más largos.
No estoy estableciendo paralelismos, simplemente hay datos curiosos y estoy aburrido no del aislamiento que para mi no es mucho, sino de la paranoia, del miedo a la enfermedad y a la muerte. En lugar de aplaudir al personal sanitario como se merece, prefiero replantearme la vida, porque sin duda esto va a marcar un antes y un después. El año que viene no va a ser el mundo para el que la mayoría se preparó durante todas su vida. A algunos los agarrará con los pantalones abajo, y harán lo único que pueden, que es chillar.
Y el 2020, va a traer más cambios. No se puede pensar que algo como esto no va a repercutir en la geopolítica, y cuando eso pasa hasta que se reacomoda suele detonar.
La peste vino de los uzbekos, y de las ratas. Hoy en día de sus primos chinos y de las ratas pero voladoras. En aquel entonces, los centros urbanos estaban más protegidos, porque las pulgas de las ratas no podían morder a todos. Se diseminaba más por los vajes en barco que entre ciudades, como ahora con los aviones. El aislamiento en el campo era garantía de adquirirla, porque las ratas y la gente compartían el mismo hábitat, los mismos caminos y la misma comida.
La peste podía afectar a los ganglios linfáticos, producir septicemia (de ahí lo de peste negra, porque producía manchas en la piel), o a los pulmones. Los dos últimos casos eran fatales, el primero solamente asqueroso con supuraciones incluídas. Hay reportes especialmente desde Inglaterra, en que la peste popularizó el hábito de fumar, incluso se promovió en los niños, porque en los hechos protegía de la enfermedad. Ahora los chinos dicen que sí protege ese hábito, la OMS dice que no. A mí no me cambia la vida.
Además de la mortandad, la peste negra cambió el sistema político y económico, mejoró la calidad de vida porque había más para repartir entre menos, y las familias como los Médici y los Borgia entre otros pocos aprendieron bien. Época de Nicolás Maquiavelo también, que tenía poco de mala gente y mucho de estratega.
También la peste promovió al burgo, a la ciudad, donde se perfeccionaron medidas higiénicas, se organizaron nuevas clases sociales, gremios y sistemas de autoridad. Hoy parece que la tendencia sería al contrario, promoviendo el aislamiento, el trabajo a distancia; pero más autoridad también, o autoridad con ojos más largos.
No estoy estableciendo paralelismos, simplemente hay datos curiosos y estoy aburrido no del aislamiento que para mi no es mucho, sino de la paranoia, del miedo a la enfermedad y a la muerte. En lugar de aplaudir al personal sanitario como se merece, prefiero replantearme la vida, porque sin duda esto va a marcar un antes y un después. El año que viene no va a ser el mundo para el que la mayoría se preparó durante todas su vida. A algunos los agarrará con los pantalones abajo, y harán lo único que pueden, que es chillar.
Y el 2020, va a traer más cambios. No se puede pensar que algo como esto no va a repercutir en la geopolítica, y cuando eso pasa hasta que se reacomoda suele detonar.
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