Mi abuelo decía que Dios hizo dos cosas muy buenas con el caballo y el Primus.El Uruguay y muchos países se modernizaron gracias a este simple hornillo a querosén.
Hoy en la panadería del super le iba a hacer una pregunta a la empleada; pero una señora mayor le hablaba, hablaba y no paraba de hablarle. Yo esperando mi turno para otra cosa, hasta que me incluyó en la conversación.Los cinco minutos mejor perdidos de mi vida, escuchando contar cómo la nietita la saludaba desde lejos -entre cien temas más- y con un humor exageradamente bueno. Lo típico de personas que viven solas y cuando salen quieren hablar con todo el mundo.Una de las peores torturas y a la vez de las más sutiles en cárceles y otros lados es el aislamiento. Una de las peores pruebas de superviviencia también, donde el que se pierde en el campo sufre más la soledad que estar días sin comer. Es un tema que conozco bien, por navegar o por vivir solo en la naturaleza; pero no es para todos y sin embargo en todos sí deja huella.
Qué sadismo aislar a unos viejos en los últimos años de sus vidas, peor cuando vivieron siempre rodeados de gente.
Tengo amigos que se preocupan porque ven a esta pandemia como un plan de dominación. Otros que se entristecen ante las consecuencias que el aislamiento está teniendo en la salud mental, individual o social, y en la economía.En algunos países ya existen rebeliones, el pueblo sale a la calle desafiando los mandatos, y generalmente es gente de corte opositor al gobierno circunstancial. Las tasas de suicidio aumentaron no se si exponencialmente, pero sí mucho. Y hay más hambrientos que afiebrados, sin duda.
Ya lo decía un pensador como Pascal, que si bien el Universo es poderoso, el hombre lo es más porque es consciente de que el Universo lo puede aplastar, pero el Universo no es consciente de lo que hace.
La verdad es inexorable, y la naturaleza es la mayor de las verdades. No se puede subestimar al espíritu humano, si bien hay riquezas y poder desiguales, éstos son producto del humano y no a la inversa.
Obviamente la polarización política siempre deja desequilibrios, y en esa lucha de los polos, la verdad salta como último recurso para el balance. Es como el invento que destruye al inventor. Y aquel que base su existencia en el amparo de un sistema paternalista que no sólo se encarga de monopolizar la salud, la seguridad, la educación, las directivas de todo tipo, información, cuando ese sistema se debilita él se siente perdido. Parece como que los nuevos paradigmas ya no serían aquellos que nos imponen los sabios de turno, sino el ser en sí mismo con su consabido poder de conocer el Universo.
Como en un movimiento inverso al arte de la guerra, en lugar de ceder terreno, el poder en su exceso de confianza avanzó tanto sobre el espíritu humano, que el segundo se reconcentró y el primero se está dispersando. Y más aún el poder se concentra más en sus luchas intestinas, que en el humano que parecía derrotado. La verdad y el espíritu humano van a triunfar, sean cuales fueren, y en eso es en lo que hay que tener fe ciega, porque son la naturaleza de las cosas.
No soy pesimista, pero todo tiene su precio. Y hay cosas peores que la muerte, tanto como cosas más valiosas que la vida misma porque sin ellas la vida no merece ser vivida.
Lo que nos sacó de las cavernas y nos elevó a las más altas cúspides del arte y la metafísica, ha sido, es y será la conciencia. La filosofía sigue siendo la madre de todas las ciencias, y la mente la madre de la existencia.
En un mundo de información, contrainformación, censura y división ideológica, cultural y religiosa, no hay herramienta más poderosa que la consciencia (se puede escribir conciencia). No hay lucha más justa, especialmente al día de hoy, que tomar conciencia, y eso en lugar de dividir nos une como especie. Y más que eso, construye el mundo.
Al principo era el verbo, eso trasciende a la creencia religiosa.
Perdón gente, cuando me levanto temprano y estoy al pedo tomando mate me da por estas cosas