El milagro del arroyo es que siempre baja y nunca se extingue, se drena sin vaciarse, cambiando su fuerza y temperamento por estaciones.
Sin dejar de ser lo que es, busca lo más bajo, horada lo más alto, siendo blando conquista lo duro. Algunos vendrán a orinar, otros a beber; pero nada cambia ni su ser ni su devenir permanente.
Siempre es el mismo; pero nunca te baña con las mismas aguas.

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