

Arrastrando pasos melancólicos de tango, cargando sueños crispados de rock and roll, el forastero camina con la marca de Caín en la frente, temiendo ser muerto por los hombres. Pero hace del mundo el camino más ancho, y cuando ya nada tenga para perder se pregunta: ¿Quién soy yo? Entonces se convierte en dueño del Universo.

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